Rajoy y el cambio de cromos

  • Rajoy y el cambio de cromos

    Mr.Marshall

    Y Mariano Rajoy se vistió del míster Marshall de la mítica película de Luis García Berlanga. Y esperó, claro, una bienvenida eufórica en Cataluña, muy en la línea de aquellos aldeanos que el film confiaban en una lluvia de dinerito y de inversiones. Y para mí que podría esperar como a Penélope de la canción de Serrat, allí sentada a pie de (tercera) vía, hasta quedar bien marchita. Porque ahora sólo faltaría que la tuviéramos que aplaudir a cambio de lo que clama el cielo y que él, además, en clave de chantaje, puede ofrecer ahora como tramposa moneda de cambio.

    Y es que dicen que Mariano Rajoy viene ahora en Cataluña a prometer lo que el sentido común hace tiempo que habría aconsejado que su gobierno y los anteriores cumplieran con los ciudadanos catalanes, pero vestido de concesión graciosa para sacarnos de la cabeza eso de votar . Y no nos engañemos: habrá que picarán. Básicamente, también digámoslo todo, aquellos que tienen ganas de ser engañados. Y no sólo por el clásico prometido, que es gratis, que da muchos titulares, pero que luego a la hora de ejecutar el punto estipulado ya tal día hará un año. Lo peor de todo es que, aquellos que se dejen engañar saben perfectamente que el soberanismo (defender que tu país tiene derecho a decidir su futuro, sea cual sea) y el independentismo (defender el voto y que la opción del ‘ sí ‘sea la ganadora) no son incompatibles con reclamar en el día a día lo que es de justicia para una sociedad donde sus ciudadanos, piensen como piensen, deben ser respetados y no discriminados por ejemplo en cuanto a infraestructuras o estrangulados económicamente como hasta ahora.

    Veremos, en las promesas de Rajoy, cuánta parte hay de sablejada al documento de 46 puntos que el presidente Carles Puigdemont le entregó hace meses. Y tendremos que pedirnos, si este es el caso, como es que el gobierno del PP (con el silencio cómplice, cuando no con la animación directa de socialistas y C ‘s) sigue en su línea de tratar de deslegitimar como interlocutoras unas instituciones catalanas como la Generalitat, que no por estar en manos de los malvados independentistas dejan de ser estructuras reconocidas por la tan magrejada y en Madrid teóricamente tan idolatrada Constitución española. Vendrá aquí a decir a los ciudadanos que esto nos lo “regalará” (fíate) él y como compromiso de amor eterno que descarte reivindicar el derecho de Cataluña a decidir su futuro?

    Nicola Sturgeon marca en Escocia lo que aquí en Cataluña debería quedar muy claro para todos. Que ser independentista no significa ir de okupa, ni pensar que esto es pan comido, ni que de tenerlo en dos días, ni que esto sido todo hecho. Pero que a la vez ser independentista es totalmente compatible con exigir para tus ciudadanos todos los recursos, bienestar, infraestructuras y respeto que les corresponde por parte de un Estado, mientras se forme parte. No son favores, son mínimos para la convivencia. Otra cosa es que en España se está tan lejos de cumplir la totalidad de estos mínimos, que ya la simple promesa de alguna mejora en algunos de estos frentes pueda generar una alegría exagerada en ciertos ciudadanos demasiado acostumbrados al látigo (por hacia abajo) de la indiferencia. Por tanto, no digo que haya que castigar Rajoy con esta misma medicina, la de la indiferencia, pero sí aunque prestando atención, ahora habría no dejarse enredar por los titulares engañosos y menos entrar, con esta base , en ideas de cambios de cromos absurdas.

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