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- 22 may
Xavi Domènech: ese faro, Italia y suerte de Errejón
Xavier Domènech no solo despierta el entusiasmo de Pablo Iglesias, que además cuando lo besó en la boca en el Congreso no fue la primera vez que le demostraba con efusividad su afecto personal. Es un hombre muy cercano a la alcaldesa Ada Colau, ha encabezado en Barcelona la lista de En Comú Podem (la marca de Podemos en Catalunya). Ha hecho eso y no solo ha ganado las elecciones en su circunscripción, sino que ahora vuelve a ello (dicen que a repetir victoria) de cara al 26-J, con cuatro meses en el Congreso que lo han proyectado en las encuestas como uno de los políticos más valorados del momento. ¿Y él? ¿Qué valora especialmente vía paladar?
Abre jornada con un café de buena mañana y luego tiene claro que vendrán unos cuantos más, “demasiados”, durante el día. Se justifica diciendo que en realidad alarga mucho los cafés: “Voy con la taza en la mano durante muchas horas“. Y su punto gourmet con el café lo demuestra con una preferencia clara: “Cortado o con leche, en Italia solo“. Ese link italiano.
No es de las preceptivas “cinco comidas al día”, sino de tres. Por la mañana, cuando tiene tiempo, se anima con un bocadillo (de fuet, chorizo o butifarra blanca), y cuando no, magdalena acompañada de su café. La comida del mediodía, últimamente, va de menú, y a la noche acostumbra a no perdonar: en casa. Para comer, acompaña con cerveza o vino blanco, y de noche es de agua.
Su restaurante y plato ideal ya no existe. ¿De qué iba? “Esqueixada” de bacalao. En el restaurante del faro de Sant Sebastià, entre Palafrugell y Tamariu. Intentaba ir una vez al año, “hasta que un año la esqueixada era buena pero ya no absolutamente extraordinaria“. Preguntó y resultó que el cocinero se había ido a trabajar a Francia. No le supieron decir dónde, así que aquél “quedará como un plato mítico” para Domènech.
Últimamente, con su etapa de diputado en Madrid estrenada hace poco, ha ido a muchos restaurantes, pero no destaca ninguno en especial, por el ritmo que ahí vive, aunque confiesa que sobre todo tiene conciencia de haber comido cosas buenas en algunos lugares donde lo ha llevado Íñigo Errejón.
¿Platos destacados? Eso sí: le encantan los spaghetti frutti di mare hechos en un barrio de Venecia (“que intento imitar y que consigo hacerlo bastante bien“, asegura). También le encantan los spaghetti a la putanesca, “pero estos (como su origen) son más de batalla“.
El pescado le gusta casi todo, pero “por motivos biográficos” dice que la trucha siempre tiene un lugar especial en su podio. Por los mismos motivos (en este caso una temporada larga en Nicaragua), le encantan los frijoles con arroz (“antes no los podía soportar“). Y de su tierra, tiene predilección especial por el arroz negro y el arroz a banda. ¿Y las carnes? Le gustan casi todas, especialmente el lomo a la sal, aunque recuerda con gran cariño el osobuco como “plato de infancia“.
De cuando come fuera, dice valorar especialmente “algunas cosas indias de las que soy incapaz de saber su nombre” pero que considera extraordinarias. Le gusta la moussaka y comida libanesa de la que tampoco sabría decir el nombre de nada en concreto (aunque le encante).
Para el postre siempre se queda con el tiramisú, “aunque nunca encuentro el que me hacía una amiga italiana“, añade con ese punto de nostalgia que también reconoce (“por una tirada de infancia“) que le hace irresistible el crocanti.
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