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- 08 jul
Asalariados de nuestra destrucción
Les hablaré de Pujol, no sufran. Pero antes, un apunte. Ayer miraba el debate entre los aspirantes a secretario general del PSOE y todo de una me invadió el espíritu navideño de pies a cabeza. Cómo si fuéramos a 25 de diciembre, fum, fum, fum. Fum, humo. Mucho humo, especialmente de la mano de unos “jóvenes” candidatos que tienen mucha suerte de la obsesión (a veces enfermiza) de nuestra sociedad por aquello de igualar joven con nuevo y con mejor. No siempre es así y ayer en ese debate se volvió a demostrar, pero va colando, en general, hasta que llega el ZP de turno y nos hace a todos un siete como una catedral. Y entonces sí, manos a la obra a criticarlo y a hacer leña del árbol caído, pero a la vez todos rápidamente a buscar alternativas por la misma vía de donde salió él.
El mejor de los tres aspirantes socialistas es sin duda José Antonio Pérez Tapias. Es un socialista y federalista que se sabe y que se reivindica como tal, a la vez que tiene plena conciencia que entre los de su especie es miembro de una minoría. Pedro Sánchez, muy prefabricado y con el acierto táctico de haber salido bien a tocar del proceso de primarias (de ahí que quizás veremos su poca sustancia demasiado tarde), jugaba a ser el más español de todos (también en competición con el PP). Eduardo Madina, ZP incluso en aquella sobreactuada gesticulación. Y Pérez Tapias hizo una cita que me encantó. Al pelo del poeta Félix Grande, advirtió del peligro de convertirse en “asalariados de nuestra destrucción”. De la propia. Muy oportuno, para quienes persisten en el error, también en Catalunya, por ejemplo con un PSC que con Miquel Iceta de líder sigue haciéndose trampas al solitario y mirando de enredar al resto con la pregunta de la consulta, por el simple hecho que no puede y no quiere asumir su incapacidad para dar respuestas a una sociedad a quien dice representar.
Asalariados de la propia destrucción. Adecuado para los socialistas, pero no sólo. Y en este sentido, un apunte sobre las informaciones de medios de la Caverna que señalan (ellos antes de que los jueces, como marcándoles el camino) en este caso a la familia de Jordi Pujol y a supuestas cuentas llenas de millones en Andorra y en otros lugares por el estilo. Si es cierto, si eso finalmente acaba ante un juez y este dictamina su veracidad y por lo tanto sentencia en contra de malas prácticas de los hijos o la mujer del expresidente Pujol, entonces (sólo entonces con justicia) los podremos señalar con el dedo y tildarlos de “asalariados de la destrucción” de un apellido que ha sido clave e ilustre en la Catalunya de las últimas décadas. De demostrarse que son culpables de corrupción o de prácticas impropias, a ellos y sólo a ellos habrá que reclamar si resulta que mientras su padre no tenía vida personal abocándolo todo en su país, ellos hacían negocio.
Pero les invito a esperar. Y eso que sé que la tentación de no hacerlo en estos tiempos convulsos que vivimos es potente. La pulsión nos lleva a creer todo este tipo de acusaciones a la primera, y a considerar culpables a los aludidos a la primera también. Pero una petición: no nos convirtamos también nosotros en asalariados de la destrucción o de la manchada general que muchos pretenden con el proceso catalán. La justicia (española) que vaya tirando y esperemos noticias. Y a recordar que de corrupción la hay aquí y allá, y que eso no deslegitima un colectivo y mucho menos una reivindicación de país, transversal y il·lusionadora. No nos mamamos el dedo y sabemos que ellos van por ahí. Pues que hagan, y que por el camino vaya cayendo (si se tercia) quién tenga plomo en las alas. Pero el resto, a seguir volando.
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