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- 11 jul
El Estado minicomial
Hay una manera decente de hacer política. Tradicionalmente, con relación a Catalunya, los sucesivos gobiernos del Estado no la han practicado en absoluto. En el actual gobierno de España directamente no la conocen. No solo por lo que respecta a Catalunya, dicho sea de paso. De hecho, Rajoy nos lo recordaba ayer, una vez más, con su vergonzante silencio ante hechos de la actualidad que lo interpelan directamente. Ahora es a cuento del caso Bárcenas (cada vez más, el caso PP). Pero mañana la excusa será cualquier otra. No importa. El cinismo con que despacha sus silencios, así como la estratosférica mediocridad con que ejerce su antilideratge político y social, nos aseguran su persistencia en esta manera de hacer. No es una opción. Es como es. Son como son.
Al igual que el ministro Cristóbal Montoro, un individuo que en un país desarrollado al uso no aspiraría más que a animador de espectáculos de crucero en el papel de payaso antipático. Y desde aquí todos mis respetos a los del ramo. Con su estilo tabernario, siempre energúmeno, siempre con tono de fanático y con muestras sobradas de una intransigencia que tira de espaldas, ahora chilla en el Senado (otra broma de mal gusto, al estilo del señor ministro) que Catalunya le debe dar gracias al gobierno del Estado porque nos paga las facturas. Con esa alegría. Con esa poca vergüenza. Con esa mediocridad y aquella farsa que los caracteriza.
Lo diré una vez más, y tanto como sea necesario mientras esta gentuza y su mediocridad nos acompañen: España no paga las facturas a Catalunya. La veja económicamente. No paga lo que le debe. No devuelve lo que le corresponde. Y eso acumula tanto como 16.000 millones de euros al año. Y eso entre otras cosas porque no se compensa de ninguna manera, por ejemplo, lo que datos del propio Ministerio de Hacienda de 2013 dicen: que a la hora de pagar impuestos Catalunya se sitúa 19 puntos por encima de la media de comunidades autónomas de régimen común. Y el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) no nos regala ni un céntimo de euro. A pesar de la bancarrota a la que nos somete el gobierno del Estado, cuando aquí generamos recursos suficientes que nos permitirían pasar (y en buenas condiciones) el grave momento actual, nos saquean para luego dejarnos dinero (nuestros) con intereses. Burla sobre burla. Manicomial. España. Pero tranquilos, ya nos queda menos.
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