La muerte del PSC

  • La muerte del PSC

    Durante décadas, los oráculos oficiales de la progressia del país y los autoproclamados como profetas de la buena nueva del día después de CiU nos vaticinaron su muerte. Hablaban del presunto “voto prestado de la UCD”. Alertaban del “cansancio” del pujolismo y decían que sin él CiU se desmenuzaría. Decían que sin poder (“la razón de ser de CiU”, pontificaban) la federación nacionalista languidecería y moriría rápidamente. Y no. Como tantas otras profecías suyas, esta no se cumplió. Pero ellos siguen creyéndose los más sabios y siguen predicando lecciones sin ni un punto de autocrítica. Allá ellos.

    Dios me libre, de hacer nada parecido respecto del PSC. Yo no vaticinaré nada por el estilo. Más bien al contrario. Me limitaré a constatar un hecho: que ha muerto. No digo que pasará porque ya lo hemos vivido. Ahora solo es necesario que seamos conscientes de ello y que actúen en consecuencia, aquellos que a partir de esto tendrían que moverse. Porque el PSC, tal y como lo habíamos entendido durante décadas, ha muerto. 

    Soy de quienes cree que el PSC no tendrá el descalabro electoral que le vaticinan todas las encuestas. Veremos. Pero el caso es que, resultados electorales a parte, la noche del 25 de noviembre sería necesario que el PSC la descodificasen como la de la despedida oficial. Que no desaprovechen esta ocasión, al contrario de lo que hicieron con su último congreso, que no sirvió más que para decidir arrastrar el cuerpo inerte unos cuántos meses más. Gran pérdida de tiempo. No ha servido de nada de bueno, para los suyos. Y es que, igual como la Catalunya autonómica, el PSC de las dos almas ha muerto. Lo sabe todo el mundo. Y ya no tiene ningún sentido mantener expuesto al escarnio público este cuerpo sin vida. 

    Ayer sale Montilla y dice que esto de los referéndum le recuerda a Franco. Se pone a la altura, así, de un José Bono que hace dos días tildó de “golpista” al presidente de la Generalitat, Artur Mas. Y remata Carme Chacón ayer también, en El Mundo, mostrándose “radicalmente contra la independencia”. Como en la última campaña electoral: “Ni independentistas ni de derechas”. Ni-nis. Definición por negación. Y la derrota electoral fue de las que hacen época. Nos habían vendido que el PSC no era esto. En todo caso, si había sido otra cosa, hace tiempo que murió. Pero que alguien frene ya la comedia. Que baje el telón, ahora que hace días que ha degradado en tragicomedia.

    El día de Todos los Santos es una fecha interesante para reflexionar sobre la muerte de un partido que llegó a ser el más votado del país pero que ya no lo es ni de lejos. De un partido que un día recogió voto de todas partes y que ahora sufre una hemorragia que transfiere apoyos que habían sido suyos a casi todo el arco parlamentario catalán. 

    Por tanto, el traspaso ya se ha dado y hace días que el cuerpo huele. Ahora hace falta que alguien le dé sepultura y que lo deje descansar en paz. Que no lo manoseen más, ni propios que dicen que solo está medio muerto, ni extraños a quienes ya les está bien una situación que a otros partido sí pero que al país no le suma nada.

    En la línea de lo que defiende el budismo para los individuos, solo una vez muerto el PSC podrá renacer. ¿Y en que se reencarnarà? O en la federación catalana del PSOE, sin más y con Chacón marcando la pauta ya oficialmente y sin subterfugios, o en un partido que finalmente se haya desprendido del lastre y el condicionante del hermano español. Un partido que finalmente pueda mirar de reconnectar con la centralidad política del país, que no tema el derecho a decidir y que lo pueda defender sin tapujos como el resto de fuerzas catalanistas, y con ellas.

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