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- 15 abr
Recortes en comunicación
Tenía que pasar tarde o temprano, y esta semana se ha dado. Llegó la frase: «Tenemos un problema de comunicación». Se ha oído en la Moncloa. Y de esta manera, el Gobierno de Mariano Rajoy se suma a una tradición gubernamental que consiste en poner la comunicación en el disparadero cuando las cosas no van bien.
Pero admitiendo como punto de partida que difícilmente se puede comunicar bien una mala gestión política, también es de justicia admitir que en este caso en el PP llevan un poco de razón. Ciertamente, la comunicación del Gobierno de Rajoy necesita mejorar, dicho en terminología ESO. Esta semana hemos tenido un par de ejemplos de manual, con la triste nota de prensa con la que quisieron ventilar un recorte en sanidad y educación de 10.000 millones, así como en la espantá del presidente ante los micros de la prensa en el Senado.
No es excusa, pero esta semana la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, ha estado tres días desconectada de su actividad profesional por una difícil circunstancia familiar. Ella es la máxima responsable de comunicación del Gobierno, desde los tiempos en que ejercía el mismo rol en la sede central del PP, la mayor parte del tiempo en muy buena coordinación con el jefe de gabinete, Jorge Moragas. Pero su ausencia puntual no se notaría tanto, de tener Rajoy un equipo como el de José Luis Rodríguez Zapatero en su día. Porque a la comunicación también han llegado los recortes, y tienen consecuencias.
La descomposición del régimen zapateril transmitió el caos pertinente en los últimos años de su PSOE en la Moncloa. Pero no siempre fue así. Durante bastante tiempo, Zapatero disfrutó de una gracia mediática para la que trabajaban desde el complejo monclovita un secretario de Estado y hasta tres directores generales, así como un equipo de comunicación y prensa que con la llegada de Rajoy se ha reducido a la mitad. Ahora Martínez Castro solo cuenta con una secretaria general, Consuelo Sánchez-Vicente. Nada de uno para la prensa nacional, otro para la internacional y uno con hilo directo con el líder. Aquello pasó, y se ha dejado notar desde el minuto uno, con un Gobierno con mayoría absoluta, que tiene más delito.
¿Se fijaron que el día de la espantá de Rajoy no estaba con él su sombra Moragas? Al día siguiente, cuando lo intentaron arreglar en los pasillos del Congreso, sí. Y, en cambio, en el viaje oficial a Polonia, por primera vez no se ha visto a este diplomático de carrera con su presidente. ¿Quizá porque la cocina de la Moncloa estos días le reclama especialmente?
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