El puño invisible

  • El puño invisible

    Los sindicatos de Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo nos han programado huelga general para el 29 de marzo, por fin, después de pasadas unas semanas prudenciales desde la invitación indirecta de Mariano Rajoy vía unas declaraciones captadas supuestamente sin que se diera cuenta. ¿Sí? ¿Fue casual? ¿Seguro? Como reza el título de una publicación reciente sobre la obra del cineasta surrealista Jan Svankmajer, les digo: Para ver, cierra los ojos. Porque casi nunca lo que vemos en la escena política se da sin un trabajo previo en lo invisible.

    El antropólogo Carlos Granés alude en su último libro a un «puño invisible». Y en política, sin uno de estos, la mayor parte de golpes de efecto no se darían. En el de Rajoy y su vaticinio de huelga general tuvo mucho que ver su jefe de gabinete, Jorge Moragas, más visible que su antecesor en el cargo, pero menos que hace unos pocos meses, antes de reinar en la cocina de la Moncloa.

    Moragas volvió en diciembre con Rajoy a un complejo monclovita donde despuntó con José María Aznar, a quien curiosamente se lo presentó José Enrique Serrano, jefe de gabinete de Felipe González en su última etapa en el Gobierno, y una de las piezas clave en el traspaso de poderes con el PP en 1996. En ese proceso fue cuando Serrano le presentó a Aznar al joven diplomático barcelonés «Jordi» Moragas. Y el nuevo presidente, consciente de que lo era en parte gracias al apoyo de los nacionalistas catalanes de CiU, dijo socarrón: «Con ese nombre tienes mucho futuro aquí». A la sombra del futuro yernísimo Alejandro Agag, y ya disparado con el ministro Josep Piqué, Moragas seguiría creciendo en el reino de lo invisible, y hasta hoy.

    Serrano, por su parte, ha sido y es paradigma de puño invisible. Con Zapatero repitió cargo de jefe de gabinete del presidente, los siete años de este en la Moncloa. Fue uno de los interlocutores de Méndez y Toxo en la reforma laboral del PSOE en el 2010, y ahora es diputado, a las órdenes de Alfredo Pérez Rubalcaba, amigo suyo desde la universidad.

    Pesa en lo que se decide en el nuevo PSOE rubalcabista. Su mano se deja notar sin ser vista por el común de los mortales, como corresponde a los de su oficio, cocineros de la política. Por eso casi nadie reparó en él cuando en la foto de Rajoy entrando en Moncloa por primera vez como presidente, allí estaba él, junto a Moragas, al fondo. De nuevo traspasando poderes, pero como siempre, discretamente, guardándose una parte para él.

    (Para leer el artículo completo en EL PERIÓDICO, clicad aquí)