-
- 19 may
#yesweattack
El alcalde Maragall, cuando lo era, tuvo una iniciativa de las que lo hacían creíble como alcalde, como líder de la ciudad. De vez en cuando, en diferentes barrios, pasaba la noche en casa de una familia barcelonesa. ¿Populismo? Si lo hiciera según quien habría quienes lo tacharían ciertamente de esto. Pero con Pasqual Maragall no tenía sentido anexar esta idea al gesto. Era sólo esto, un gesto, pero al mismo tiempo destilaba mucho más. Decía muchas cosas con una ocurrencia muy sencilla. Y lo mejor de todo es que él la podía hacer. Colaba. Te lo creías. Después Joan Clos y Jordi Hereu no he tenido nuevas que hayan hecho nada parecido. Seguramente con suerte para todos, ellos y los ciudadanos.
Un alcalde cercano, empático, que lideraba, que sobre él corrían leyendas como que si echabas un trozo de papel o un chicle al suelo te podía reñir. ¡Él! ¡El alcalde! ¡Maragall! Recuerdo que de pequeño me lo dijeron mis padres, y poco papel y poco chicle me cayeron nunca al suelo. Y ahora me falta ver al actual alcalde con esta autorictas. Por si fuera poco, estos días de campaña creo que el estilo que le han hecho asumir ha agudizado su proyección distante. En el debate de alcaldables en TV3, por ejemplo, respiraba demasiada soberbia, demasiada indignación ante la crítica. Así como en su día había quienes reprochaban a Jordi Pujol que se envolviera con la senyera para defenderse de las críticas, vale la pena observar que Hereu ante el mínimo reproche ha tenido esta tentación de querer confundirse con la institución. Pero no ha cuajado mucho.
Y al final, la antipatía. El estilo de campaña desagradable que los manuales de marketing político marcan como una de las técnicas a aplicar cuando ya tienes poco que perder, precisamente porque todo apunta a que tienes muy poco que ganar. Así ha sido como el PSC ha hecho irrumpir a José María Aznar en campaña. Y ya me dirán qué pinta Aznar todavía como espantajo de nada, y concretamente cuando hablamos de unas elecciones municipales. Pero en realidad él y este estilo de campaña de los socialistas tienen bastantes parecidos. Muy especialmente por los anticuerpos que generan en el electorado. No construyen, sino que básicamente destruyen. Fe en la política, sobre todo.
En unos días en que en diferentes ciudades del Estado se concentran miles de ciudadanos protestando por la caricatura de la política, ayudar a quienes menos creen en el sistema de representación que hemos aceptado una mayoría tiene especial delito. Dicen en la Plaça Catalunya que #yeswecamp, y efectivamente acampan, se plantan. Y hay algunos que desde la política les dan la réplica con un #yesweattack. Atacar, hacer antipática la política, distanciarla de la gente una vez más. Es una forma de hacer que nunca reprocharemos bastante a quienes la practican desde las instituciones. Más cuando la impulsan desde la más cercana, la municipal. Porque ellos quizás perderán, o no. Pero quienes seguro que perdemos con esto somos todos los demás.
(Para hacer comentarios a mi artículo de EL SINGULAR, clicad aquí)